Tensiones entre Occidente y el Islam

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Miguel Guerrero
Miguel Guerrero

Los recientes incidentes de terrorismo nos hacen recordar un episodio ocurrido en septiembre de 2006, cuando el clero musulmán reaccionó con fervor ante las declaraciones del entonces Papa Benedicto XVI, que rechazaban la violencia perpetrada por grupos extremistas islámicos. En aquella ocasión, el Vaticano exhibió signos de nerviosismo, mostrando una sensibilidad equiparable a la que infunden dichos grupos en Occidente. Resulta curioso observar cómo las reacciones de los líderes religiosos musulmanes estuvieron impregnadas de críticas al cristianismo, mientras que los intentos de aclaración por parte de la Santa Sede no hicieron referencia alguna a este aspecto. La prioridad parecía ser ofrecer disculpas a aquellos que ya estaban infligiendo y continúan infligiendo un alto costo por el «delito» de publicar caricaturas del profeta Mahoma.

La verdad es que el Papa no había buscado ofender al islam. Sus palabras, expresadas durante una visita a Alemania, su país natal, simplemente rechazaban, sin condenar abiertamente, «las motivaciones religiosas de la violencia», es decir, la idea de guerra santa o «yihad». La oficina del Pontífice se apresuró a disculparse, afirmando que la intención de Benedicto no era «ofender a los creyentes musulmanes».

La indignación de muchos musulmanes se debió a la referencia que hizo el Papa a un diálogo entre un emperador bizantino y un erudito persa del siglo XIV durante un discurso en una universidad alemana. En su alocución, el Pontífice citó a un estudiante que afirmaba que «para la doctrina musulmana, Dios es absolutamente trascendente», lo que significaba que Su voluntad no se sujetaba «a ninguna de nuestras categorías, ni siquiera a la razón».

Estas inocentes palabras bastaron para desatar amenazas de crisis mundial y enturbiar el clima previo a la visita que el Papa tenía planeada realizar dos meses después a Turquía, la primera a un país musulmán desde que asumió el papado. El mundo occidental temblaba ante esta nueva «agresión» al profeta, recordando que Al-Qaeda ya había amenazado a Francia, y que tal vez el Vaticano también estaría en su lista, como ocurrió más tarde con Francia.